En cuanto esta nena aparece en escena ya se puede vislumbrar que debajo de su chaleco antibalas esconde unas pedazo tetas que si son naturales puede ser para morirse entre ellas; este rubio macarrilla la despelota y cuando comprueba que semejantes tetas son pura mama, dios mio como se pone a clavarla
Tenía yo unos treinta años y ese día del mes de agosto de los 60, me encontraba solo por estar mi familia en la playa de San Salvador (El Vendrell), era domingo y me desperté tarde y no teniendo ganas de hacerme la comida salí con la intención de ir a un restaurante que yo conocía que se encontraba en la calle Diputación de Barcelona, al entrar miré al fondo donde había una mesa sola y al sentarme pude ver al frente una mujer de unos 50 años que me estaba observando, al mirarla ella continuó con su plato comiendo, yo pedí la comida al camarero y mientras me la traían estuve mirándola detenidamente.
El relato que narro a continuación es una historia verídica que me sucedió el año pasado, mes diciembre.
Vivo en México, D.F., tengo 39 años, soy moreno claro, de condición física delgada, de 1.75 de estatura, peso 70 Kg. y una afición grande por las mujeres maduras. Cuando miro una mujer madura que me llama la atención, rápido se me pone la pija súper dura y me lleno mucho de excitación.
Hola, me llamo Adriana y quiero contarles mi historia porque necesito un consejo. Soy una mujer ya madura, me falta poco para llegar a los 50 años. Pese a ello mantengo mi cuerpo en forma porque desde muy joven estoy acostumbrada a las dietas y al gimnasio. Mi cabello es rubio, tengo pechos que se mantienen firmes igual que mi trasero, y como entenderán, me considero atractiva.
Cuando las cosas tienen de pasar pasan y no se sabe porqué. Pero una cosa es segura: si uno anda en el ambiente de los negocios se le van a presentar muchos negocios, si andas cerca de algún deporte, se presentará también, pero si andas de ligue con maduras o muy maduras como en este caso también se presentará,
Hola a todos, Lo que le voy a contar fue real esto pasó en una playa de Punta del Este, Uruguay el verano pasado.
Soy un chico de Buenos Aires, Capital, atractivo, buen cuerpo y muy dulce. Les paso a contar la historia.
La siguiente historia le ocurrió a un amigo, ya hace bastantes años, unos 25. Él entonces tenía 19 años y era virgen. Iba de vacaciones con sus padres, era el último año que lo haría, y estaban alojados en un hotel de Palma de Mallorca.
Enseguida sus padres hicieron amistad con dos señoras de 42 y 43 años, que procedían de la ciudad de Valladolid, las dos estaban casadas, pero sus maridos no habían podido acompañarlas, por motivos de trabajo, eran de físico normal y vestían a tenor de la época para unas señoras de su edad, o sea de forma muy clásica.
Por suerte gracias a mi trabajo tengo la posibilidad de conocer a señoras con varios años encima, que por cierto son mi debilidad. Aunque no siempre tengo suerte, de vez en cuando se da la posibilidad de conocer más íntimamente a alguna. La mayoría de estas señoras son muy recatadas y piensan que todo lo relacionado a los placeres del sexo terminó para ellas. Casi todas están casadas con hombres mayores que ellas, los que suelen no tocarlas desde hace un buen tiempo. Yo agrego en mi razonamiento que muchos de ellos se deben hacer atender por chicas jóvenes que les deben cobrar bastante bien por sus servicios.
Después de venir a la capital, busqué trabajo como loco, pero me fue muy difícil encontrarlo, especialmente si tomamos en cuenta que yo casi no sabía hacer nada. Era entonces un chico de 18 años que deseaba estudiar y superarme, pero para poder hacerlo necesitaba dinero y ello significaba ganarlo trabajando. Mi falta de experiencia era una gran limitación, ya que en todas partes pedían alguna especialización y como 50,000 años de experiencia.
La siguiente historia me la explicó una de mis amantes, y hacía referencia a su vuelta a la actividad sexual después de fallecer su esposo.
Hacía dos meses que se había quedado viuda, y a los que debería de sumar unos meses más, en los que estuvo pendiente de la enfermedad del marido.
La oportunidad de cogerme a mi suegra al fin se presentó. Tenía yo como tres años de casado, y estaba con un poder sexual tremendo. Me cogía a mi mujer casi a diario pero aún así mi verga se recuperaba rápidamente durante el día y me tenía muy caliente, por lo que o me masturbaba o esperaba a llegar a comer y antes me cogía sabrosamente a mi mujer en la recámara por donde entraba el sol; la desnudaba, me desnudaba y esto era darle una buena cogida y a veces hasta dos, lo que me dejaba muy satisfecho.